Asalto en la ciudad del deseo,
reos en la prisión de la sed,
piel en la verbena del encuentro
donde el cielo nos vuelve a mecer.
Fragancias untando su lengua,
culebras reptando las entrañas,
manos cuajadas entre piernas
donde fondean óseas las ganas.
Volquetes de besos ensalivados,
exclavos del paladar de sus placeres,
fiebres erectándonos a bocados
donde soltamos sus menesteres.
Licuada entrega perdurable,
sables clavándonos sus fuegos,
hechos desahiéndonos las partes
donde nos late la pasión y su verbo.
Esencia



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