
Un sigilioso jadeo me sigue,
el aliento exhibe sus pulsaciones,
de fondo sones del saxo que suena
como pálpito de venas y constelaciones.
Me vienes lento, corazón desnudo,
mis dedos engullo, mi cuello aprieto,
a contraluz espero, descalzada del mundo
para que todo lo tuyo me aprese dentro.
Aletean mis piernas la inquietud,
el vértigo y la luz que fermenta el deseo,
y el saxo es eco de tu venir excitante
y el furor sangrante que exhala tu cuerpo.
Tendida en la tentación de saberte fuego,
descuartizo y bebo del aire que me falta,
y que en tijeras abras mis piernas en tu cuerpo
para cortarte en jadeos hasta la mirada.
Cruzo y descruzo el umbral de tus paisajes,
decidida al viaje que mora en tus manos,
con el cuerpo derramado y el alma en pie
el deseo deja de ser solo una parte de amarnos.
Esencia







