
Derrumba los pilares
que sostienen mi prisa,
rompe la camisa
que nos arde,
muerde en carne
el latir de adentro
y bébeme el fuego
que por tí sale.
Descorcha los gemidos
que me asfixian,
apretando las cintas
del fébril delirio
esparciendo cirios
en mis ceras derretidas
hasta arderme en la ira
de tus sentidos.
Respira el tacto
que vuelca mi lengua,
ábreme las venas,
que fluya el milagro,
tan solo al mirarnos
donde hable el poema,
trenzado en piernas
que estrangulan espasmos.
Esencia







