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Mi deseo se abre
como flores de tu siembra,
tierra donde nos late
la sangre de las venas
desnudándonos sin reglas
ni reglamento que mande
más con lo que arde y se subleva
en exigencias de sus volcanes.
Mis senos se enfurecen
donde crecen tus arterias,
lenguas de ávidas fuentes
que encienden y sueñan
la piel avena que se adhiere
a la fiebre que condimenta
de urgencias toda la piel
y de sed la furia que te erecta.
Mis piernas abren arco
en el marco de tu boca,
fluvial que trona en espasmos
de las manos que la ahorcan
exprimiendo gotas de su miel,
untando la piel de tus sentidos
que idénticos a los míos, gimen
y nos exprimen a suspiros.
Esencia







