
Prolonga este vértigo vespertino
y las olas hiperactivas de mi vientre,
donde hierve tu nombre y el vino
exprimido en los versos de las sienes,
donde tienes el alma y mi apellido,
donde el nido del amor por siempre.
Extiende las caricias en la epidermis
del tiempo concedido a los placeres,
que sus mieles se rindan en el cénit
del fénix etéreo que nos sierpe;
donde el alma siente y la piel tiembla,
donde me elevas y gozas el verme
,donde la fiebre es adicción y condena.
Procura la locura en el lecho,
donde acecho con suspiros en tu nuca,
que la pulpa le sobresale al deseo
y su cuerpo dominante nos desnuda.
El cirio de la luna cae al suelo
rendido y reo de la diosa fortuna
que nos acuna en el seno de su cielo
entre velos de amor y su lujuria.
Esencia